El gobierno del ARI, se caracteriza por dar una imagen a los medios nacionales y otra muy distinta es la que se ve en la provincia, quizas preparando el terreno y sabiendo que aca nunca mas tendran una oportunidad politica ya que los habitantes descubrimos que las unicas banderas que tienen es la del engaño y la de la soberbia sueñan con dar el salto a la politica nacional. Pero como es costumbre en Fabiana Rios y su troupe, cerraron el 2009 con la gran puesta en escena del primer casamiento gay, que logro tapar la sesión de la Legislatura, donde entre otras cosas, se incluyo dentro del presupuesto, al convenio chino para darle un viso de legalidad a este negociado y logro que el aumento salarial dado a la clase política, pasara a un ultimo plano, cuando todos tenían la vista en esta puesta en escena como lo fue el casamiento gay.
Fue una nueva intentona de demostrar al país –y por qué no al mundo- que el progresismo sigue vivo y que, al igual que supo ‘primerear’ a otras provincias con la regulación de publicidad oficial que nunca cumplió, podía establecer una nueva simulación de la tolerancia que nunca tuvo puertas adentro de la provincia.
Lo que no puede dejar de reconocérsele al ¿partido? gobernante, con rumbo errático hasta para definir cuál será su nuevo nombre, es una gran dosis de oportunismo para captar la atención nacional con golpes de efecto de bajo costo y alta exposición mediática.
Nuevamente arrastró a la población a un debate que cómodamente podrán disfrazar de xenofóbico, a partir del rechazo generalizado, pero no al cierre que logró ponerle la pareja homosexual a su derrotero por Tribunales y Juzgados de paz en busca de su objetivo, sino al persistente ejercicio de la hipocresía del gobierno, que le permite llevarse el aplauso del final de temporada y volver a entrar en alguna página de historia –y hasta en algún almuerzo extra con la Legrand-, como lo hizo Ríos cuando resultó electa primera gobernadora mujer.
Todavía, y aun cuando la lista de denuncias comprobadas documenta lo contrario, se lo escuchó mencionar al ex diputado Leonardo Gorbacz cuando asumió su nuevo rol en Medios, aquel decreto de regulación de publicidad oficial que violó para medios aliados y aplicó a discreción para los críticos. Y todavía justifica esa crítica en el malestar por una pauta magra, para tapar su propia ingeniería de arbitrariedades en la distribución.
Ríos no obstante tuvo también sus quince minutos de fama nacional por ‘innovaciones’ que sigue investigando la justicia, como el uso de pasajes oficiales del Congreso para traer familiares y amigos al cumpleaños de 15 de su hija, denunciado este año; o la defensa de sus ex compañeros de bancada cuando negaron el uso por parte de la mandataria de los superpoderes que había criticado de los Kirchner, y tuvieron que desayunarse con los privilegios de la reconducción de una ley que los contenía, y que el gobierno manejó a su antojo aprovechando la mayoría numérica de la Cámara, hasta que de tanto mal uso debió ser reemplazada por algo bastante parecido a un Presupuesto, el regalo de fin de año de la oposición, con los ingresos más altos per cápita del país, un déficit récord y cero inversión en obra pública con fondos propios.
La publicidad de los actos del gobierno resultó tan transparente que se volvió invisible, al punto de desconocerse los datos elementales de la economía provincial y, con tamaña confrontación social, desconcierto por la seguidilla de ataques verbales a los ciudadanos de funcionarios que más que portavoces fueron lanzallamas a cuanta voz contraria se cruzara en el camino, no hubo suficiente capacidad de reacción de las organizaciones civiles para exigir el cumplimiento de esta manda como lo hicieron con otras gestiones.
Que es el peor gobierno de la historia fueguina ya no se puede negar, y apenas pasaron dos de los cuatro años que le queda a la población para seguir lamentando su buena fe. Seguramente por el desmadre político, social y moral que dejará el ARI como tierra arrasada, también logrará ocupar algún capítulo del nuevo Nunca Más, pero a la fueguina.
Pero los comienzos de año son espacios para mensajes de esperanza, y los sabios dicen que todo pasa por alguna razón y deja un aprendizaje.
Lo cierto es que el ARI comenzó cometiendo el peor de los pecados para un partido sin caudal de militantes propios y acechado por la supuesta corrupción estructural que encarnaban todos los demás que no fueran ellos mismos: se convirtió en el gobierno más impopular del que tenemos registro, enfrentando primero a los propios que debían ser su apoyo para construir desde la consolidación de las promesas, y por deporte luego a los que siempre había desprestigiado.
La esperanza para la provincia está, quizás, en saber que aquéllos que prometieron el cambio resultaron peores que los mismos de siempre y eso que pensamod que con Estabillo, Manfredotti, Colazo y Coccaro, ya habiamos visto bastante corrupcion, pero ellos el ARI en cuyos gobiernos interfirieron truncando proyectos poco claros que, tal vez, no hubieran sido tan malos con un adecuado control social y sin los mismos apuros y los mismos atropellos que ahora Rios y sus acolitos llegan adelante, acompañados por una Legislatura que parece mas interesa en sus propios negocios, que en el bien general o pensando en el futuro de todos.
La política de la destrucción y el descrédito de los pocos referentes que queden cuando se apague la última luz del mandato de Ríos, será un grito en el desierto que ya nadie querrá escuchar; un alerta remanidamente falso de Pedro advirtiendo sobre la llegada del lobo; una interferencia en la comunicación que ya no compondrá ninguna antena porque la gente cambió de dial, definitivamente.
El mensaje del final que dejo el ARI en el 2009, y presagio para los complicados dos años que nos restan de aprendizaje y reconstrucción, es entonces la esperanza de ver arriada la bandera de la honestidad, diluida la división de los buenos y los malos, y visualizar un pequeño mundo fueguino donde el blanco y negro había sido siempre una mentira.
La reconstrucción se hará desde los imperfectos y los mortales, desde los ambiciosos y los que cultivan ilusiones poniéndole una buena dosis de realidad, desde los tolerantes hacia todos los que son diferentes: radicales, peronistas, militares, policías, defensores de derechos humanos, abogados medio ‘truchos’ y médicos con algún historial para ocultar, oportunistas confesos que atesoran sanos restos de escrúpulos todavía, medios y periodistas que suavizan la realidad cuando aparece la pauta publicitaria oficial, pero aun con ella sostienen convicciones, padres y madres de familia que provienen de todas esas extracciones y que no necesitan del primer matrimonio gay para probar que son capaces de convivir en las diferencias y no enfrentandos por un Gobierno que solo intenta dividir a la gente, a los gremios a los trabajadores y a la sociedad en general, para obtener un poco mas tiempo e impunidad para ocultar los negociados que ellos antes fervientes defensores de la Justicia defendían desde el otro lado del mostrador y que ahora solo incumplen deliberadamente en cada uno de sus actos.
Fue una nueva intentona de demostrar al país –y por qué no al mundo- que el progresismo sigue vivo y que, al igual que supo ‘primerear’ a otras provincias con la regulación de publicidad oficial que nunca cumplió, podía establecer una nueva simulación de la tolerancia que nunca tuvo puertas adentro de la provincia.
Lo que no puede dejar de reconocérsele al ¿partido? gobernante, con rumbo errático hasta para definir cuál será su nuevo nombre, es una gran dosis de oportunismo para captar la atención nacional con golpes de efecto de bajo costo y alta exposición mediática.
Nuevamente arrastró a la población a un debate que cómodamente podrán disfrazar de xenofóbico, a partir del rechazo generalizado, pero no al cierre que logró ponerle la pareja homosexual a su derrotero por Tribunales y Juzgados de paz en busca de su objetivo, sino al persistente ejercicio de la hipocresía del gobierno, que le permite llevarse el aplauso del final de temporada y volver a entrar en alguna página de historia –y hasta en algún almuerzo extra con la Legrand-, como lo hizo Ríos cuando resultó electa primera gobernadora mujer.
Todavía, y aun cuando la lista de denuncias comprobadas documenta lo contrario, se lo escuchó mencionar al ex diputado Leonardo Gorbacz cuando asumió su nuevo rol en Medios, aquel decreto de regulación de publicidad oficial que violó para medios aliados y aplicó a discreción para los críticos. Y todavía justifica esa crítica en el malestar por una pauta magra, para tapar su propia ingeniería de arbitrariedades en la distribución.
Ríos no obstante tuvo también sus quince minutos de fama nacional por ‘innovaciones’ que sigue investigando la justicia, como el uso de pasajes oficiales del Congreso para traer familiares y amigos al cumpleaños de 15 de su hija, denunciado este año; o la defensa de sus ex compañeros de bancada cuando negaron el uso por parte de la mandataria de los superpoderes que había criticado de los Kirchner, y tuvieron que desayunarse con los privilegios de la reconducción de una ley que los contenía, y que el gobierno manejó a su antojo aprovechando la mayoría numérica de la Cámara, hasta que de tanto mal uso debió ser reemplazada por algo bastante parecido a un Presupuesto, el regalo de fin de año de la oposición, con los ingresos más altos per cápita del país, un déficit récord y cero inversión en obra pública con fondos propios.
La publicidad de los actos del gobierno resultó tan transparente que se volvió invisible, al punto de desconocerse los datos elementales de la economía provincial y, con tamaña confrontación social, desconcierto por la seguidilla de ataques verbales a los ciudadanos de funcionarios que más que portavoces fueron lanzallamas a cuanta voz contraria se cruzara en el camino, no hubo suficiente capacidad de reacción de las organizaciones civiles para exigir el cumplimiento de esta manda como lo hicieron con otras gestiones.
Que es el peor gobierno de la historia fueguina ya no se puede negar, y apenas pasaron dos de los cuatro años que le queda a la población para seguir lamentando su buena fe. Seguramente por el desmadre político, social y moral que dejará el ARI como tierra arrasada, también logrará ocupar algún capítulo del nuevo Nunca Más, pero a la fueguina.
Pero los comienzos de año son espacios para mensajes de esperanza, y los sabios dicen que todo pasa por alguna razón y deja un aprendizaje.
Lo cierto es que el ARI comenzó cometiendo el peor de los pecados para un partido sin caudal de militantes propios y acechado por la supuesta corrupción estructural que encarnaban todos los demás que no fueran ellos mismos: se convirtió en el gobierno más impopular del que tenemos registro, enfrentando primero a los propios que debían ser su apoyo para construir desde la consolidación de las promesas, y por deporte luego a los que siempre había desprestigiado.
La esperanza para la provincia está, quizás, en saber que aquéllos que prometieron el cambio resultaron peores que los mismos de siempre y eso que pensamod que con Estabillo, Manfredotti, Colazo y Coccaro, ya habiamos visto bastante corrupcion, pero ellos el ARI en cuyos gobiernos interfirieron truncando proyectos poco claros que, tal vez, no hubieran sido tan malos con un adecuado control social y sin los mismos apuros y los mismos atropellos que ahora Rios y sus acolitos llegan adelante, acompañados por una Legislatura que parece mas interesa en sus propios negocios, que en el bien general o pensando en el futuro de todos.
La política de la destrucción y el descrédito de los pocos referentes que queden cuando se apague la última luz del mandato de Ríos, será un grito en el desierto que ya nadie querrá escuchar; un alerta remanidamente falso de Pedro advirtiendo sobre la llegada del lobo; una interferencia en la comunicación que ya no compondrá ninguna antena porque la gente cambió de dial, definitivamente.
El mensaje del final que dejo el ARI en el 2009, y presagio para los complicados dos años que nos restan de aprendizaje y reconstrucción, es entonces la esperanza de ver arriada la bandera de la honestidad, diluida la división de los buenos y los malos, y visualizar un pequeño mundo fueguino donde el blanco y negro había sido siempre una mentira.
La reconstrucción se hará desde los imperfectos y los mortales, desde los ambiciosos y los que cultivan ilusiones poniéndole una buena dosis de realidad, desde los tolerantes hacia todos los que son diferentes: radicales, peronistas, militares, policías, defensores de derechos humanos, abogados medio ‘truchos’ y médicos con algún historial para ocultar, oportunistas confesos que atesoran sanos restos de escrúpulos todavía, medios y periodistas que suavizan la realidad cuando aparece la pauta publicitaria oficial, pero aun con ella sostienen convicciones, padres y madres de familia que provienen de todas esas extracciones y que no necesitan del primer matrimonio gay para probar que son capaces de convivir en las diferencias y no enfrentandos por un Gobierno que solo intenta dividir a la gente, a los gremios a los trabajadores y a la sociedad en general, para obtener un poco mas tiempo e impunidad para ocultar los negociados que ellos antes fervientes defensores de la Justicia defendían desde el otro lado del mostrador y que ahora solo incumplen deliberadamente en cada uno de sus actos.






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